Reloj

El reloj de mi abuelo Ramón tiene cuerda para rato.

Mi madre me regaló el reloj de su padre, del que tengo vagos recuerdos de infancia. Debió de ser un hombre amable, trabajador y un gran dibujante. Los genes de artista de mi abuelo pasaron a mi madre y a mis hermanos, dicen. Aunque estaba estropeado, he guardado ese bonito reloj como un tesoro. Hace unos años, un relojero malagueño —un artesano extraordinario— restauró la pieza que tenía rota y lo hizo funcionar. No deja de sorprenderme la precisión de un artilugio totalmente mecánico que se fabricó en la primera mitad del siglo XX. Me siento bien cada vez que le doy cuerda. Es una pena que la puntualidad no sea mi fuerte.